Everything's gonna be alright Everything's gonna be alright Everything's gonna be alright Everything's gonna be alright Everything's gonna be alright Everything's gonna be alright
Y volvemos a estar aquí después de un año. 504 horas antes de que llegue septiembre.
Como si nada hubiera cambiado, con el mismo fuego que me quema por dentro y el agua que brota de mis pupilas. No encuentro la caja de calmantes y la sangre cae a borbotones.
Duérmete, niño.
Doy vueltas en la cama, cuarenta grados cuerpo y mente, y un profundo abismo me atraviesa Se acabó; el sufrimiento de los meses, las dudas de días que no cesaban. Pero también la sonrisa, el cuello, las piernas, el pelo largo, los ojos marrones que miraban a través de mi y no le importaban lo que viesen.
Poco a poco se acababa y yo no me daba cuenta. Con la mente en otras cosas y Septiembre como meta. Con la muerte entre las rosas y el desquicio como lema. Como decepción pasada pero promesa de esperanza futura.
Y me acordé ayer. Cuando vi tus ojos brillar bajo el cielo mediterráneo. Tu cuello, despejado, blanco, puro, me revolvió las emociones y de repente sentí lo que había dejado de sentir. Me acordé de los buenos tiempos y recobré la esperanza. Pero ya era tarde.
Me acordé de tus piernas desfilando delante mío, yo desnudo tumbado en tu cama. Escuchar música juntos. De hacer el amor en tu cocina, en tu baño, en mi tienda de campaña. De las puestas de sol desde tu ventana. Tu cuerpo entre mis brazos, tu pelo entre mis dedos. Reencontrarnos en febrero. No querer irme nunca a Madrid. Las primeras veces de todo. Escaparnos de fiesta en Estrasburgo. Reírnos sin parar. Garden State tumbado en tu cama. Decirte que te quería. Mirarte y ser feliz. Pasear entre la nieve. Las copas de vino con risotto. El que salga todo mal y hacerlo bien. La paciencia. Los bares por descubrir. Sentirnos vivos. Sentirme vivo cada vez que te veía sonreir.
Ojalá pudiera hacerte entrar en razón. Pedirte que aguantases dos semanas. Que todo lo que había muerto volvería a surgir al ver tu cara asomar al otro lado de mi cama día tras día, noche tras noche. Ojalá pudiera prometerte no ser tan indeciso. Ojalá todo hubiera salido de otra forma, la espera no hubiera sido tan larga y cruda, y el desenlace tan poco prometedor.
Ojalá no estuvieras tan dolida con todo esto como para no poder aguantar 504 horas. Pero te quiero tanto que no quiero hacerte más daño con mi jodida manera de ser. Quiero que seas feliz, y te quiero libre. Ojalá volver a Mannheim, ojalá poder hacer Mannheim en Madrid y no tener que seguir echando de menos, leyendo esta entrada una y otra vez para recordarme a mi mismo todo lo que ya nunca voy a volver a tener.
Álvaro dice que tengo que sacar lo positivo de esto. Quedarme con pensamientos buenos. Que tengo que volver a comer y hacer cosas que me motiven. Intentaré hacerlo. Pero, por dios, desearía no tener que decirte adiós ahora mismo, tan cerca de llegar a la meta, de alcanzar ese septiembre ansiado por el que tantos meses hemos luchado.
Espero que pasen los días y ver lo positivo. Y dejar de ver tu nombre en todas partes. Por mucho que lo borre de mi móvil o de todas mis redes sociales.
Te quiero. Y espero que salga bien todo de alguna extraña manera.
I'd say that this is darkest song I ever wrote No hint of a smile, or the usual quirky anecdotes No, this is a song about someone knew what not to say What not to do, so now, I think I'll just be honest.
I hope that no one ever leaves, 'Cause I don't wanna be alone with me Not with the things that rush up and down this symphonous smile
Here comes the love anxiety Can't let it grab a hold of me, not after last time
Why'd you have to wear skirts and heels like that? She's blinding anyway but now she's floodlighting up the match Well it's twenty minutes 'til showtime But the backstage is the stage tonight So now, I think I'll just be honest
I hope that no one ever leaves 'Cause I don't wanna be alone with me Not with the things that rush up and down this symphonous smile
Here comes the love anxiety Can't let it grab a hold of me Not like the last time Here comes the love anxiety It's gonna grab a hold of me, just like the last time
Llovía en Colorado,
llovían lágrimas por mis mejillas;
una canción en bucle,
un cántico a viva voz.
Me cuesta recordar quién soy,
donde estoy, a qué he venido.
No sé cómo soy,
soy un pájaro en constante vuelo,
cambio, mutación.
Diviso el horizonte,
bajo la mirada hacia el suelo.
Y cuando creo haberte perdido ahí estás,
entre los árboles,
entre la arena y el mar,
entre la espada y la pared.
Y vuelves.
Retorciéndote sobre mi,
como la negra sombra de Rosalía,
como la saudade portuguesa,
como la peste sobre la ciudad de las Ratas,
sobre la eterna condición humana.
Llegas a mi de una forma inhumana.
Me robas el sueño,
mi única calma hasta ahora.
¿Y qué soy yo?
Pájaro sin alas,
ando, tierra siempre.
Ya no diviso horizontes,
miro arriba, cuánto puedo. Te pierdo. Me olvido.
Las alas que te trajeron a mi vida se han ido.
Sin ellas, ando, lento, fuera de mi naturaleza.
Pero ando firme.
Ando seguro.
Sin temor a encontrarte en la tierra del hombre,
donde cielo y tierra se separan
para dar paso al porvenir.
Ando sin alas,
ando sin calma,
ando sin prisa,
ando sin ansia,
ando con fuego,
ando con garra
ando con "quiero" en mi garganta.
Voz de voces,
sueño de sueños,
deja salir a esta bestia
del fondo de mi mente,
de lo más profundo de mi ser.
Búscate sin ella,
contigo.
Cose tus alas y vuela,
mirando al frente,
con calma y con prisa,
con ansia y sin fuego,
sin garra y sin "quiero"
Fin de curso en Madrid supone, más que nada, un recordatorio del paso del tiempo.
La oportunidad de pararme a reflexionar sobre mi momento aquí y ahora. Sobre quién soy y qué quiero, a un año de acabar la carrera. Sobre qué cosas me han pasado, por qué lo han hecho, y qué quiero hacer con ellas.
Fin de curso en Madrid me recuerda a muchas personas y a muchos momentos. Tiene un sentido más finito que aquél que tenía fin de curso en Lugo, o que tuvo fin de curso en EE. UU. Madrid tiene la capacidad de revolverme por dentro -y hacia dentro- forzándome a revisitar la vida que he vivido en los tres años aquí habitados. Porque Madrid es cíclico, y es algo que volverá, que me dará una oportunidad de reinventarme y trabajar por labrarme un año, cada vez mejor, cada vez distinto, pero siempre, al final, amargamente incompleto. Esta ciudad me ha visto crecer como ninguna otra, me ha hecho sentir en casa más que ninguna otra; pero a la vez, me ha hartado como ninguna otra.
Hablo
Un año de intercambio, una enfermedad de tres meses y varios incidentes personales han cambiado la forma en que me voy de Madrid. Ahora me voy impaciente. Con los pies en la tierra. Consciente. ¿Maduro? Quizás.
Ahora sé que el egoísmo es peor que el calor que abrasa el asfalto de esta ciudad maldita. Sé que ser bueno en esta vida se equipara a ser tonto, como las tontas golondrinas que anidan en los árboles de esta poluta ciudad. Sé que las cosas pasan, y hay que verlas, vivirlas y dejarlas pasar, como el tráfico que oigo cada mañana desde mi ventana.
Y sé, que familia solo hay una. La que te espera de vuelta con los brazos abiertos y lágrimas en los ojos; la que te coge el teléfono a las 4 de la mañana porque no puedes dormir; la que quiere saber donde, cuando, por qué y cómo. Y de la otra familia, la que creía verdadera, solo quedan muestras de una verdad que otrora creí cierta. Pero muestras igualmente válidas. No son ya familia, no sé lo que son. Prefiero no poner etiquetas. Es lo que me ha enseñado Madrid: a llamar a las cosas por su nombre.
Sé que soy demasiado exigente,
conmigo mismo. Que no me basta con una situación vital determinada, sino que siempre me impulso a cambiar de entorno, a salir de mi zona de confort. Soy consciente de que ello acarrea un constante estado de estrés y agobio. Conocer a nueva gente, enfrentarme a nuevas situaciones y retos. Algo que, a pesar del paso de los años, aún no ha logrado curtir mi piel introvertida.
Un modelo de conducta basado en el ensayo y el error. Error aparente, por no haber logrado todas las metas que me había propuesto. Ensayo continuo, de modelos de vida, trabajos, estudios, iniciativas, relaciones... que no logro encajar con mi bizarra forma de ser.
Ensayo y error de vida. Ensayo y error de camino. Amigos que perdí, chicas que nunca debí querer, habitaciones de las que mudarme, destinos de los que me alegro de haber vuelto sin mirar atrás. Por delante, un horizonte incierto, una realidad en constante formación. Me despierto cada día con una hoja en blanco en la mano, ¡pobre de mí, que he de escribir la historia de mi vida!
De la vida de una persona inconformista consigo mismo. Incapaz de disfrutar de un minúsculo segundo de existencia sin pensar en el siguiente. Incapaz de no arrepentirse de los ensayos que fueron, los errores que son y serán. Incapaz de dejar la mente en blanco por un instante, de parar el mundo en seco y darse la vuelta a contemplar la vista.
¡Pobre de mí, infeliz!
¡Pobre de mí, incapaz de abarcar, con la mano, todas las gotas de agua del mundo, todas las brisas de viento, toda la arena del desierto!