domingo, 8 de noviembre de 2015

1969

La voz de Joan Baez me hace transportarme a momentos no vividos, revivir sensaciones muertas en mi. Esa dulce y profunda voz, me lleva a un mundo etéreo, me ensalza, me eleva de la cama hacia el abismal infinito. Me hace entender la naturaleza, las leyes de la vida y la ironía de vivirla. Me hace olvidar mis (primermundistas) problemas y elevar mi cabeza. Mirar al frente. Salir de casa y perderme en el bosque.

La voz de Joan Baez no me deja indiferente. Me lleva lejos. Me lleva muy lejos. Me esconde de los fantasmas de mi pasado. Los trae a mí en forma de amigos. Dialogamos. Nos reconciliamos. Entiendo, al fin, que la tormenta no tiene por que ser mi enemiga. Me siento comprendido en mi incomprensión, decidido en mi indencisión.

La voz de Joan Baez me llama hacia el vacío. Dirige mis pasos hacia el abismo. Me invita a tirarme de cabeza. A olvidarme del mundo, lanzarme hacia la infinidad, perderme entre mis pensamientos y despertar en el pasado. En un pasado que desconozco, pero que siento muy cercano a mí. En un festival de Woodstock en 1969.

Gracias, Baez.


sábado, 17 de octubre de 2015

A veces

Es difícil ser yo.

Es difícil cambiar de opinión constantemente. A veces parece que lo hago de forma gratuita, que soy caprichoso y egoista. Que valoro mis problemas por encima de los del resto. Que no sé apreciar la vida. Que me gusta marear.

Pero no es cierto. 

Simplemente hay algo en mí que no me deja mantenerme como estoy. Algo que me impulsa a cambiar, que me impulsa a no estar bien con mi situación y buscar algo diferente. Algo que me marea, que me da vueltas a la cabeza y me impide relajarme y disfrutar de mi vida, al menos, durante los días de una semana seguidos.

Altibajos se suceden en mi día a día, mi semana a semana, mi año a año. Breves atisbos de pura felicidad se combinan con frustraciones y arrepentimientos permanentes. Pero he aprendido que soy así, que haga lo que haga nunca voy a estar contento. Y por ello he de estar contento. Aceptarme a mi mismo en mi imposibilidad de aceptar lo que me toca. Quererme como indeciso y exprimir a más no poder esos instantes en que, por un segundo, creo tocar el cielo.

A veces. 



(Es difícil ser yo                                         pero no es cierto                                     a veces)

viernes, 10 de abril de 2015

Depende

Depende de lo que quieras hacer, o de lo que te manden hacer. Depende de lo que te hayan enseñado, de tu educación, de tus intereses y ambiciones. Depende de tu lugar de origen, y de tu lugar de destino. Depende de tantos factores, que no sabes elegir.

No sabes en función de qué escoger, por qué iniciativas decantarte y cuales dejar de lado. No sabes con quien casarte, si con la rubia o con la morena; si con aquella que te enseñó aquel grupo de música o con ésta, que te obligaba a salir a correr todos los jueves por la mañana. No sabes decidir, y el 'depende' se convierte en un permanente estado de vida.

Desde que me levanto hasta que me acuesto, las decisiones son una parte importante de mi vida. ¿Voy a clase o me quedo durmiendo? Bueno.. la verdad es que el profesor este es un mierdas... no me aporta nada; pero, ¿y si pasa lista? ¿y si explica algo sobre el trabajo final y luego los de mi clase no me avisan?. Desde cruzar el semáforo en rojo, hasta comer en el comedor o hacerme la comida. Desde subir a Madrid o quedarme en Getafe, las decisiones me acribillan como mosquitos acechando para picarme en una noche de verano.

Llega un punto, que la diferencia entre el 'sí' o el 'no' se convierte en algo vital, y la casilla del 'depende' deja de ser posible en constante el formulario en que se acaba por convertir tu vida. Los grandes pasos y momentos no dan cabida a la indecisión, y te das cuenta de que has comenzado a evitar decisiones realmente importantes para no tener que comerte la cabeza. Así, ves como las oportunidades pasan por delante de tus ojos sin poder atraparlas.

Bienvenido a mi mundo.

Fotografía de Harry Winogrand

martes, 7 de abril de 2015

Seize the moment

"Recoged desde ahora las rosas de la vida,
porque el tiempo jamás suspende su vuelo,
y esta flor que hoy se abre,
mañana estará marchita."
Capturad las rosas, aprovechad el momento. 
No cerréis los ojos ni por un instante; empaparos de todo lo que os rodea.
Aprended, equivocaros, aceptad retos, descubrid oportunidades.
Olvidaros del futuro, vivid el presente, superad el pasado.




He despertado. He entendido lo que me susurraban mis oídos. Voces desconocidas a las que por fin pude ponerles cara. Bob Dylan, Joan Baez, Woody Guthrie, maestros de una retórica perdida. Ellos, sin quererlo, y muchos otros, me han enseñado a dominar el mundo en el que habito. No a dominarlo a través del poder, ni a través de la sociedad; dominarlo a través del razocinio. Comprender la realidad en que me (nos) muevo (movemos). Capturar al vuelo los detalles de un mundo cada vez más destrozado, más jerarquizado, más carcelario. Aspirar el último soplo de aire fresco de la primavera de la libertad y plantar las semillas de un nuevo mañana. Salir a pasear, leer las memorias de mis ídolos y estudiar para mí mismo. Aprender a disfrutar con lo que hago, y a no sentirme mal por dejar de lado todo aquello que me aparta de la felicidad. 

La vagancia se ha transformado en una necesidad. A mi (nuestro) entender, ser vago no es necesariamente ser desganado. Ser vago es, cada vez más, luchar contra todo aquello que, en el fondo, sabes que no quieres hacer. Ergo ser vago es reivindicar tus intereses e inquietudes, y no hay nada malo en ello. No hay nada malo en que no te importe el mundo. Las voces me han dicho eso. Me han dicho que descubrir el mundo a través de tus propios ojos, descubrírselo a los demás, y conseguir que traspase la primera frontera (los sentidos) para quedarse en la segunda (el alma), es algo inigualable. 

Persigue conocer el mundo. Persigue disfrutar de cada rasguño de tu existencia. Sé vago, pero sé capaz de luchar por lo que (te) (me) (nos) merece la pena. 






lunes, 29 de diciembre de 2014

22 14

Roto 
Descompuesto
Dolorido

Dicen que a la tercera
es cuando va la vencida,
pero yo ni a la quiniela con mi suerte jugaría

Dicen 'quien malo en el amor',
bueno en el juego se halla,
pero yo, perdido,
sin rumbo y timón,
sin proa, babor ni navío

Dicen que las mariquitas,
predicen el tiempo al volar,
pues a mí me voló una y no ha dejao' de diluviar

Y dicen que quien la sigue,
más que tarde la consigue.
Quizás sea por mi ceguera,
a la quinta borrachera,
pero tantos dolores sigo,
que nunca, si llego al abismo
dejoe saltar detrás de ella

Vacío
Oscuro
Solo

El abismo era espejismo,
advertí en millón de añicos,
ni retrato, ni destino, ni futuro: 
yo indeciso

(escuchar mientras)

martes, 7 de octubre de 2014

Un lugar llamado Nantes

   Me imagino una playa desierta. No paradisíaca, simplemente desierta. Un lugar para pensar, para evadirse del mundo, para estar a solas con uno mismo.

Joel Meyerowitz, Cape Light
   Me imagino un pueblo pintoresco. Pequeñas, diminutas piedras trazan un sendero hacia la plaza mayor, donde se celebra el mercado dominical. Las casas de colores, construídas en madera, dan cobijo al recinto. De sus ventanas se asoman los lugareños a recibirnos.

   ¿A quienes? A mí. A mis pensamientos, acompañantes eternos y duraderos. Los lugareños no nos saludan (sólo nos miran). Leen a través de mi y directamente hacia ellos. Sienten el miedo. Saben que es la primera vez que deambulo solo y sin sentido por las calles del continente europeo. He llegado a Francia fruto de mis lecturas de la juventud (Albert Camús y su jodido existencialismo) y una música más ecléctica que otra cosa. Tras mi viaje por la Bretaña y la Normandía no sé donde acabaré. Sólo sé que quiero ver mundo, traspasar fronteras y superar retos, sin volver la vista atrás, sin deshacer mis pasos.

   Sin embargo, escalado del Mount Saint Michel todo se desvanece. Una inmensidad, una planicie eterna se extiende ante mi con todas las preguntas. ¿Qué quiero ser en la vida? ¿Qué quiero hacer de hoy en adelante? De repente, el miedo se apodera de mí. La inmensidad me hace pequeño y el paisaje, nostálgico. De repente, quiero volver a los bosques gallegos. De repente, me despierto. Me levanto de la cama y miro a la destrozada ciudad de Beirut. Otra bomba ha caído.

   ¿Cuándo aprenderá el mundo? ¿Cuándo aprenderé?





martes, 5 de agosto de 2014

Constantemente

Parece que a veces sentimos la necesidad de ser felices con aquellas cosas que no tenemos. Una casa, un coche, un trabajo, una novia... yo que sé; sólo se que sentimos un vacío, que nos comparamos con los demás y vemos con impotencia la imperfección en nuestras vidas. Sin embargo, lo perfecto es imposible; por lo tanto, la felicidad no puede estar en la perfección. La felicidad está, sin lugar a dudas, en saber aprovechar las oportunidades que nos brinda la vida, saber valorar lo que tenemos y dejar de compararnos con el mundo de una vez por todas.

Constantemente.

Michael Eggleston